Una extracción dental es necesaria cuando la enfermedad de las encías logra dañar profundamente a una pieza dental, no dejando posibilidad para evitar que la infección se propague a los dientes y los huesos cercanos.
Cuando se opta por la extracción de un diente, es porque significa el último recurso para poder prevenir daños mayores en la salud dental y general, ya que la infección pasa a la sangre y puede derivar en otras patologías.
Cuales son los riesgos que plantea una extracción dental
Como primera pauta de riesgo, una extracción de dientes puede introducir bacterias dañinas en el torrente sanguíneo, ya que el tejido de las encías también está en riesgo de infección, por ello el procedimiento requiere por lo general del consumo de antibióticos antes y después de llevar a cabo la cirugía, puntualmente en los casos donde exista una condición que potencialmente puede poner en un alto riesgo de una infección grave.
El consumo de antibióticos se recomienda en los siguientes casos:
-De existir problemas cardíacos, condición en la cual el riesgo a una infección conocida con el nombre de endocarditis, en este nivel pueda producirse.
-Si se tienen problemas de carácter inmunológico
-Sí se atravesó por cirugías mayores recientemente, o si se tienen reemplazos ortopédicos en el cuerpo como una cadera artificial o dispositivos como una válvula cardiaca.
Se debe tener muy en cuenta que después de una extracción dental, se forma un coágulo de sangre en la cavidad donde se encontraba alojada pieza dental, pero dicho coágulo cumple una función de protección sobre el hueso, mientras se realiza el proceso de curación.
En el caso que se desprenda dicho coágulo, es factible que se produzca una condición conocida como alveolitis seca, que deja expuesto al hueso, situación que además puede causar un dolor intenso que en ocasiones se irradia a la zona auditiva.
Imagen; MF
